A veces me pregunto – y me río en la mayor parte de las hipótesis que me vienen en mente – que habría sucedido si los reyes de España no hubiesen aprobado las aventuras de Cristóbal Colón. En esta ocasión, no sin humor, creo que muchos nos hubiésemos jodido.

 

  • CALIXTO

Cuando Calixto caminaba (casi trotaba) para llegar a la parada del autobús, después de haber salido de la fábrica, se preguntaba con cierta interior picardía, si acaso ese último pantalón que le tocó coser quedó bien terminado y le iría a quedar bien a quien lo comprara. Pero también jocosamente se respondió: “Eso es perdonable, es viernes, algo de plata en el bolsillo y un mundo por delante”. “La ansiedad pudo tal vez conmigo”, pensó. Cuando llegó a “La vida es así” entró como suele suceder en las películas norteamericanas de vaqueros, empujando con ambas manos las puertas batientes y alguna bravuconería. Se acomodó en una silla giratoria, al final de la barra, al lado de la rocola y se dijo gozoso: “la felicidad existe”. Despachó dos tercios de cerveza tucún tucún y le lanzó los primeros alimentos al C4 con el clásico “El rey” en la versión de José Alfredo Jiménez y “Amor eterno” de Juan Gabriel en el J5. Pasadas las nueve de la noche se disparó su penúltima cerbatana (la última ya saben ustedes dónde se toma) y se marchó en dirección a su casa, pero no para allá. “Eso es lo bueno de ser un obrero”, solía decirse a sí mismo y en algunas ocasiones lo repetía en forma jactanciosa a algunos de sus  amigos. “Uno ve todo por el hecho de ser un caminante y gracias a eso conocí esta parada, este refugio”. Apenas ella le abrió la puerta se le abalanzó encima, la besó apasionadamente y ella le respondió con simétrica locura, sí, esa locura que luego se desvaneció abruptamente cuando Vraiano Pedrique, su hijo, reclamaba fervorosamente en un tribunal de protección de  menores, la miserable pensión para medio alimentarse.

¿Quién sabe cuántas de estas escenas y de las mismas historias, más o menos parecidas, se repetían en todo el país los viernes un poco después de las 5,30 pm? Yo diría que Calixto le pasó el testigo a Celedonio.

 

  • CELEDONIO

Siempre me conseguía a ese muchacho en alguna parte: el mercado, la cola en el banco, en fin, en cualquier parte. Nos saludábamos y llegó un día en qué le llegó la ocasión de preguntarme algo. Lo oí y lo ayudé en lo que pude. Brayan Jiménez se llamaba, o se llama, puesto que aunque no lo vi personalmente, sí pude ver que era él, en una toma de ayer en el noticiero del canal alemán en español DW sobre la migración venezolana a Ecuador. Por alguna razón especial, fue él el escogido para ser entrevistado en medio de aquel torrente de personas tratando de cruzar la frontera. Es de mediana estatura, moreno, con la cara ahuecada hacia las mejillas y sombras de un acné ya seco, pelo negro siempre engominado y una palabra escasa pero bien medida: “Doctor – me dijo un día Brayan – la naturaleza es perfecta, todo lo compensa, fíjese, yo puedo sacarle de una tienda hasta un flux (aquí se acostumbra decir que todos tenemos algo de sangre andaluza, lo que se usa para la exageración) sin que se note, imagínese como será con lo demás que hay en una tienda” “Pero como Dios compensa – agregó – me dio además de esa habilidad, una cara de ladrón que no la brinca un venado y eso estorba o impide” Y el hijo de Celedonio, ya marcado por la vida, puso todo en manos de Cándido, el mismo de las 5 y media de la tarde.

  • CÁNDIDO

El Presidente de la República para ese entonces, tuvo la ocurrencia de establecer que en cada prefectura se colocaría una lista de los nombres entre los cuales podrían escoger los padres para identificar a sus hijos.La idea, en verdad, no era mala, pues el propósito era el de evitar todas las dificultades que a los niños presentados y al país en general, le causaban esos nombres enrevesados que a veces se escogían las pruebas bastaban, pensó el autor de la idea, véase nomás de cuántas formas se escribe el nombre “Jacqueline”, “Giuseppe” o John. Cuantos líos se evitarían en los bancos, en las oficinas gubernamentales, en las fronteras y para usted de contar, si no hubiese Jacqueline, Yaquelin o Yaqueline, así como Giuseppe, Yusepe, Yuseppe o Giusepe. También Jhon, John, Yon o Yohn Braiana – supongo que el femenino de Bryan – no sonaba mal, en verdad, pero la Braiana real que conozco ha visto tropiezos a lo largo de su vida, el último de los cuales fue en su ascenso dentro de la policía rural. Y fue que se lo pusieron erróneamente como apellido.Y también la salvó, dicen, de circunstancias más graves Un día, un gandolero denunció que lo habían detenido en una alcabala móvil. Y contó que “la mujer que dirigía al grupo que nos saqueó todo, la llamaban algo así como Viridiana…” No la pudieron ubicar jamás. Braiana se parecía pero en términos judiciales no se podía hacer vinculación alguna. Un Cirilo, tal vez cercano, generaba la misma quietud de las 5 y 30 de la tarde.

  • CIRILO

La mujer descargó en el rostro del hombre la indignación de toda una vida. Y fue imprevisto el zarpazo. Cuando su pareja (si es que una mierda como esa puede llamarse así) la cacheteó, como por arte de magia apareció en la mesa del comedor una llave de cruz. Se la arrequintó en el rostro y le hundió el pómulo; con el hombre adolorido, creo yo más bien que confundido por esa sublevación a su avasallante autoridad, ella le pegó un segundo y un tercer mandarriazo. Allí está en el hospital, malherido y peor aún, despreciado hasta por las mismas enfermeras.“No me pagarás ni con eso que te hice, maldito, pero también vale vivir en paz de aquí en adelante” se decía ella a cada momento. Y la mujer adormentándose, alcanzaba a pensar: “Cada penetración una herida en el alma, cada sucia moneda una arruga para el alma y cada entrega de la misma a ese hijo de la gran puta, una humillación” En la puerta de su habitación, un cartelito: Paciente Vrallan Delgado. Por estricta orden médica, favor no se aceptan visitas. En estos vaivenes de la vida, nada de extraño tendría que el camillero o alguna de las enfermeras tuviese alguna relación con Clímaco.

  • CLÍMACO

Como todo juramento de esa índole en ese ambiente miserable de las drogas, basado en no sé qué mierda de la vida, casi todo termina inexorablemente en el escritorio de un comisario judicial. Varios días llevaba el funcionario con el expediente en la parte derecha de su escritorio, cerca de sus manos. Él mismo, con un palanquín hecho con el dedo pulgar y el dedo medio, botaba las cenizas del cigarro, amontonadas sobre el mudo testigo de un “tumbe” de drogas; la encargada de la limpieza, con un trapo ligeramente húmedo, eliminaba el aro que había dejado una taza de café en la carátula del expediente. ¿Será que estos hombres –  pensaba el comisario, al mismo tiempo que le veía el trasero a la hermosa detective que le había llevado unos oficios  – no entienden que esos atrevimientos no son para los pobres diablos? Y ni mal parecido era “El Bryan” – remató pensando y cerró el expediente. Y terminaron todos siendo un Calilo sereno y de bien.

  • CALILO

Eran iguales o eran el mismo que acudía a varios cultos. Tal vez necesitaba (o necesitaban) una purgación espiritual al máximo. Calilo, creo que ese era su nombre, era hombre puntual en los oficios, colaboraba en la recaudación de diversos productos para repartir a los necesitados y pagaba puntualmente su diezmo.Incluso, ya había pregonado la palabra en el modesto púlpito y captaba nuevos miembros. Incluso, ya había pregonado la palabra en el modesto púlpito y captaba nuevos miembros. Una tarde de los últimos días, cerca de las 5,30 pm, cuando le daba el toque final a una pieza con el torno que magistralmente manejaba, le vino un poco de esa ansiedad que ahora estaba dirigida al culto. Salió de la fábrica y abrió su cartera para constatar que había guardado el pago de la semana. De reojo miró la foto borrosa de su hijo Brayan López, muerto en un enfrentamiento con la policía cuando salía del banco que acababa de atracar. “Así es la vida”, pensó.

 

 

 

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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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