En 1900, en Venezuela se hablaba de que eran dos millones de almas que habitaban en el país. Y luego, noventa y cinco años después, se hablaba de que veinte dos millones de habitantes. Ahora bien, ¿cuándo podremos decir que somos tantos millones de ciudadanos venezolanos que habitan el país? Mejor dicho, ¿estaremos cerca de lograr ser ciudadanos? ¿O estaremos muy lejos de serlo?

Algunas personas creen que los países llamados del «Primer mundo» lo son por algunas que otras leyes, por ejemplo, el aborto; o por sus bajas tasas de delincuencia y por sus calles bonitas. Las tasas de delincuencia son importantes, es cierto. Sin embargo, el concepto de un país de primer mundo va más allá de casas bonitas y leyes, sin dejar de lado que eso contribuye también.

Ahora bien, ¿el país en estos momentos tiene conciencia cívica? Este es uno de los requisitos más importante para lograr ser realmente un ciudadano. ¿Se tiene claro en Venezuela cuáles son nuestros derechos y deberes? ¿Cómo comenzaron los partidos políticos? ¿Quién fue Boves? ¿Quién fue Páez? Y ¿Quién fue realmente Simón Bolívar?

Me resulta muy difícil creer que un muchacho, o no tan muchacho sepa por qué su estado se llama «Aragua» o «Maracay»; sepa de sus poetas, pintores y héroes. Podemos decir que desconocemos e ignoramos lo que somos; que indudablemente es otro requisito para hacer un ciudadano.

Se dice que Venezuela es rica por el subsuelo, es decir, por el petróleo. Pero, ¿de qué nos vale tener petróleo si no se sabe leer ni escribir correctamente? Si ni siquiera los maestros de esta generación bolivariana son capaces de interpretar cualquier artículo de prensa. ¿De qué vale tener oro, playas preciosas, el Salto Ángel, donde reina el analfabetismo funcional? Si se quiere comprobar esto de inmediato, pregúntele a cualquier amigo cuál fue el último libro que se leyó.

El venezolano en el 2022 no vive, sobrevive. Para nadie es un secreto que en Venezuela se vive en dos ambientes surrealistas: uno en Caracas, para ser más precisos, «Las mercedes», donde los precios de los restaurantes son los mismos precios que un Michelin Star de Londres y hay que reservar una mesa con varios días de anticipación; y tenemos el otro lado donde barrios de Maracay que conozco muy bien, porque todavía me quedan amigos donde hay gente que muere de hambre.

Un país es rico; no por el petróleo, ni el oro: sencillamente un país rico y del primer mundo lo es porque, aunque puedas robar, no robas; si vas caminando por la calle y la acera es estrecha, tú te bajas y pides disculpas y das los buenos días si es de día o las buenas noches si es de noche. Cruzas la calle por el rayado, aunque no venga carro, respetas los semáforos, incluso a media noche; si estás en un restaurante, cuando te traen la cuenta da las gracias y dejas propinas y vuelves a dar las gracias. Cuando un país, un pueblo, tiene eso es un país rico y del primer mundo, es decir, y, en definitiva: los países son ricos son por el conocimiento y el respeto ilimitado hacia los demás; y donde no se producen las cosas que he mencionado, el pueblo es pobre y será pobre siempre y estará condenado a vivir en una edad media con una república de perfectos idiotas.


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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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