—Quiero comenzar preguntándole como si fuera una persona ajena al mundo de las letras ¿Qué es un poeta? ¿Y cuando supo que quería ser un poeta?

Un poeta –sin ánimo de crear una definición- podría ser aquel sujeto que contempla el asombro y se hace él el asombro. Porque el asombro no se da desde el sujeto que se asombra. El asombro es el mismo hecho que sucede afuera, que está en el paisaje, en el entorno de quien se asombra con el suceso. Y hace, finalmente, una imagen, verbal o no, de ese suceso. Entonces, repito, sin ánimo de profesar alguna fe definitoria o citar a algún sabio, un poeta es un sujeto culpable de contemplación e inocente de calcar ese asombro. El poeta del más remoto pasado era eso, una suerte de imagen mística que se solazaba en el vuelo de un pájaro y hacía de esa mirada un universo, desde esa elipse provocada por el cuerpo mínimo del ave imaginaba la redondez de los astros y hasta teorizaba con palabras la musicalidad del misterio. Un poeta, en consecuencia, es un revelador de misterios.

De niño siempre gustaron las palabras, sobre todo las que se convertían en música. Desde muchacho me atraparon las palabras, las que sonaban y hacía posible ritmo y belleza. Nunca determiné que sería estoque soy hoy, pero sí luché por mejorar lo que soñaba, los que pensaba, lo que imaginaba a través de la escritura. Y fue así como arribé a este lugar donde me encuentro rodeado de fantasmas, de voces, de personajes, de imágenes, de locura, de inmediatez o de ganas siempre de trazar lo que mis sentidos admiten y convertir todo eso en palabras. Jamás me digo poeta. Insisto en escribir, en revelar lo que soy en el adentro más profundo, allá donde el silencio procura reinar, porque la poesía está contenido en el silencio más denso.

—¿Por qué el poeta dejó de ser la voz de la tribu, aquel que habla por quienes no hablan? Pareciera que los poetas hoy en día se han convertido en unos entertainer ¿Está usted de acuerdo?

-Porque la tribu ya no cree en los poetas. Y los miso culpables han sido los poetas, quienes se han agrupado para cantarse a ellos mismos. La tribu dejó de ser. Quedan pocos integrantes de esa comunidad que tenía en la poesía un remanso. La poesía es un resquicio para pocos porque esa tribu, la ciudadanía lectora, está en otros afanes: las necesidades vitales y la “virtualidad” tecnológica, que ha sido mal aprovechada por la mayoría. La poesía no es una superficie. Es el adentro que ha dejado de mostrarse. Y cuando lo hace la tribu está cazando monstruos, desechando la metáfora de la belleza, la recreación del mundo. Los referentes del ahora son luces que más bien ensombrecen la inteligencia. La tribu anda ocupada con iPhone pegado a los ojos mientras el horizonte se pierde bajo sus pies.

Para algunos la poesía es un juego de abalorios. Un entretenimiento, un factótum que sirve para crear nombradías. La poesía es una herramienta que sirve para inflamar egos, como una mecánica que afloja las tuercas de imaginaciones engreídas. Por supuesto que hay poetas. No obstante, algunas sobras son obras del instante.     

—Charles Baudelaire escribió: Hypocrite lecteur, mon semblable, mon frère / Hipócrita lector, mi semejante, mi hermano ¿Qué piensa sobre los críticos de la poesía? Me parece que ocupan un papel más importante que el autor y el lector de poesía.

Hay críticos de críticos y poetas de poetas. La crítica muchas veces ha servido para descargar resentimientos o mostrar talentos que no pudieron escribir poesía. Como no hago crítica profesional, me inclino por la combinación de los géneros: la crónica matizada con el reportaje, con algunos asomos hermenéuticos me ha servido para llegarle a los libros que leo y luego comento. Creo que la crítica se ha quedado en las aulas de las universidades donde algunos emperifollados muestran el conocimiento de muchos autores para citarlos y convertir libros de poesía en obras de arte, sólo para ganar espacios. Por eso hay críticos de críticos y poetas de poetas. Y, en efecto, muchas veces el crítico, ese que se ufana detrás de un escritorio y escribe críticas, ocupa un papel más relevante que el poeta que estudian: a veces leo notas donde un libro se borra ante la exageración: se hiperboliza la calidad o densidad de un poemario. Queda el crítico como un genio indagador y el criticado como una maravilla. Pero es en este caso el crítico el que se lleva los laureles. Y el lector, pasmado.

—Los griegos decían: que los poetas en el momento de escribir un poema estaban poseídos por alguna fuerza sobrenatural ¿Tiene control total cuando Alberto Hernández escribe un poema?

-No creo en una fuerza sobrenatural que me guíe a escribir un poema. No creo en musas que me soplen versos y hasta me lleven a poner en duda mi existencia, como seguramente le pasó a Nerval, y pongo en duda la inspiración. Aparece una imagen que acabo de oír, ver, sentir…y entonces trazo una idea. El trabajo, el trabajo. Eso, en eso creo. Y sí tengo control sobre lo que escribo. En todo caso, si lo pierdo, para eso están los borradores, las tachaduras. Mi romanticismo llega hasta algunos bostezos.

—¿Cuáles son los poetas más influyentes en su estilo?

-No sé si tenga algún estilo. He leído a muchos poetas. He sido atrapado a veces por los poetas de mi país. Por los poetas que escriben en español. Poca poesía francesa me atrae. No he sido secuestrado por los llamados poetas malditos y tampoco Rimbaud, Mallarmé u otro me ha provocado un ataque de histeria creativa. En eso son hasta ingenuo, cosa buena para la poesía, porque la capacidad de asombro debe ser materia obligatoria para poder escribir. Quien pierda esa capacidad, está muerto.

Mira, de los poetas que sigo leyendo están Eugenio Montejo, Borges, Paz, Cadenas, Gerbasi, Parra, Schon, entre muchos más. Todos ellos me reúnen. Me ayudan a ser palabra. A ser voz. Los leo y los comparto en el silencio del poema. Pero hay muchos más. Todos los poetas que me conmuevan forman parte de mi destino verbal.

—Para Alberto Hernández ¿Dónde se nutre la poesía?

-En todo lo que se capaz de asombrar. Un poema puede reposar en un basurero. De esa imagen nada estética emerge otra imagen que se convierte en belleza, no en la clásica belleza que tanta alaba los clásicos y hasta cierta cursilería comercial. La poesía se alimenta de todo. Es omnívora. Capaz de inventar el mundo nuevamente. De hablar directamente con Dios. De allegarse al infierno y recorrerlo, no en balde dante lo hizo y los griegos fueron expertos en congraciarse con los demonios. De manera que la poesía es un depósito donde caben todos los temas, todos los paisajes, todas las locuras…hasta el amor, ese tema tan manido y convertido en desazón, en débil tentación. Y no es que no crea en el amor. Sucede que todos los poemas son amorosos. Escribir un poema de amor es como una cuchillada. Yo los respeto mucho, por eso los dejo tranquilos.

—Para finalizar ¿Qué le diría a joven de 15 años que le gusta leer poemas y quiere ser poeta?  

-Que lea mucho. Que no deje de leer. Y si nunca ha leído que comience a hacerlo. Que siga el conejo de Borges. Leer, leer…vivir, tener experiencias desde la curiosidad, observar. Tener en las palabras la más cercana aliada. Inventarse desde la realidad.

 

Alberto Hernandez Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952.

Poeta, narrador y periodista. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.

Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria. Ha representado a su país en diferentes eventos literarios: Universidad de San Diego, California, Estados Unidos, y Universidad de Pamplona, Colombia. Encuentro para la presentación de una antología de su poesía, publicada en México, Cancún, por la Editorial Presagios.

Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua.

Ha publicado ensayos y textos poéticos en las revistas Turia de España (Aragón), números 81-82; en Il foglio volante de Italia, Nº 4, abril 2007; Piedra de molino, Arcos de la Frontera, España, primavera de 2007, entre otras. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano, al portugués  y al árabe. En 2017obtuvo el premio del Concurso Transgenérico de la Fundación para Cultura Urbana con la novela “El nervio poético”.

OBRA PUBLICADA

POESÍA

La mofa del musgo. Umbra Editores, Maracay, 1980. pp. 60.

Amazonía. Talleres Gráficos del Centro de Capacitación Docente “El Mácaro”, Turmero, 1981. pp. 30.

Última instancia. Editorial Sobrevivientes asociados. Maracay, 1985. pp. 75. (Esta obra obtuvo mención honorífica en el Concurso Literario de la Secretaría de Cultura del Estado Aragua, 1985. Jurado: José Barroeta, Jorge Núnes e Igor Barreto)

Párpado de insolación. Ediciones del Ateneo de Calabozo, colección “Escampos”. Editorial Miranda, Villa de Cura, estado Aragua, 1989. pp. 100. Ilustrado por Antonio Cabesas. (Obtuvo mención honorífica en la II Bienal Literaria del Ateneo de Calabozo (1985-1987). Jurado: Luis Alberto Crespo, Elena Vera y José Barroeta).

Ojos de afuera. Fondo editorial IPASME, 1989. pp. 112. (Ganador del 1er. Premio del II Concurso Literario IPASME). Caracas, 1989.

Nortes. Editorial Sobrevivientes asociados. Maracay, 1991. pp. 103. (Mención de honor Primer Concurso Literario “Madre Perla”, 1992, Porlamar, estado Nueva Esparta. Jurado: José Lira Sosa, Elí Galindo y Luis Camilo Guevara).

Intentos y el exilio. Ediciones de la Casa de Asterión, Ediciones Mucuglifo. Dirección Sectorial de Literatura CONAC. Mérida, 1996. pp. 70. (Libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta Teatro Simón Bolívar de Juangriego. Jurado: Luis Alberto Crespo, Magaly Salazar y Earle Herrera). Prólogo: Luis Alberto Crespo.

Bestias de superficie. La liebre libre editores, Maracay 1998. pp. 40. (Premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y Diario “Antorcha” de la misma ciudad, 1992). Jurado: Elizabeth Schon, Santos López y Francisco Pérez Perdomo).

(Este libro fue traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour, Siria, Damasco, Editorial Daralmarsat, 2005)

Poética del desatino. Ediciones Estival. Colección El divino Narciso, Maracay 2001. (Libro de aforismos). Pp. 45.

En boca ajena. Antología poética 1980-2001. Ediciones Presagios-Serie Faisán, México, 2001. pp. 117. Prólogo: Efrén Barazarte.

Tierra de la que soy. Latin American Writers Institute Eugenio María de Hostos Community College of CUNY (Universidad de Nueva York, 2002). Pp. 121. Prólogo: Manuel Cabesa.

Nortes/ Norths. Latin American Writers Institute Eugenio María Hostos Community College of CUNY (Universidad de Nueva York, 2002). Pp. 87. Traducción al inglés: Alexis Trujillo.

El poema de la ciudad. Editorial Blacamán (Villa de Cura), Estival (Maracay), La liebre libre (Maracay), Presagios (México) y Umbra (Maracay), 2003. pp. 181. Prólogo: Harry Almela.

El cielo cotidiano. Poesía en tránsito. Editorial Mucuglifo, Mérida, Estado Mérida, 2008.

Puertas de Galina. Editorial Memorias de Altagracia. Caracas, 2010

CUENTOS

Fragmentos de la misma memoria. Editorial Actum, Caracas, 1994. pp. 93.

Cortoletraje. Blacamán editores, Villa de Cura, Venezuela, 1999. pp. 54.

Virginidades y otros desafíos. Latin American Writers Institute Eugenio María de Hostos Community College of CUNY (Universidad de Nueva York, 2000). Pp. 60.

Relatos fascistas. Umbra Ediciones de Autor/ ventanas de Lavapiés, Madrid, España, pp. 171.

El ojo de la mosca y más retratos familiares. El taller blanco editores/ Colección Comarca mínima. Bogotá, Colombia, 2019.

Poquedades. Quarkz Ediciones digitales, Colección Ciudadano mínimo. Lima, Perú, 2020.

ENSAYO LITERARIO

Notas a la liebre. La liebre libre editores, Maracay, 1999. pp. 140.

 

Poética del desatino, Editorial Estival, Maracay, 2010. Pp. 86.

 

 

CRÓNICAS

Valles de Aragua, la comarca visible. Impresos Urbina, 1999, Maracay. Pp.254. Prólogo: Pedro Ruiz.

 

Cambio de sombras. Editorial Sobrevivientes Asociados y Ateneo de Guardatinajas “Soñadores del río Tiznados”. Maracay, 2001. pp. 122. Prólogo de Elena Vera.

 

 

 

 

1 comentario

  1. Lo que muchos ignoran, y no lo entiendo, es que el poeta ganó el premio de poesía Jesús Bandres, en Altagracia de Orituco,

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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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