Erik Del Bufalo investigador y filósofo venezolano, profesor de la Universidad Simón Bolívar. Se graduó como doctor en filosofía en la Universidad de París X.2Desde 2002 forma parte de la Organisation No-Filosófica Internacional, establecida en París por el filósofo François Laruelle, y en 2012 fue cofundador del Centro de Investigaciones Críticas y Sociculturales (CICS), parte del Instituto de Altos Estudios de América Latina (IAEL) en la Universidad Simón Bolívar.3​ Del Búfalo ha participado en el seminario Fundación Cisneros en 2014, 2017 y 2018 y ha escrito para diversas revistas tanto nacionales e internacionales.4​ En 2018 Erik fue galardonado junto con otros ocho profesores con el premio anual a la labor docente, período 2016 – 2017 por la Universidad Simón Bolívar.5

—¿Tiene el recuerdo nítido cuando decido estudiar filosofía?

Iba a cumplir 18 y estaba inscrito para estudiar Economía, recuerdo que estaba en una terraza leyendo Cartas a un joven poeta de Rilke y decidí estudiar filosofía, cosa que se materializó a los pocos meses.

—¿Qué está leyendo?

La magia de Arbatel de Cornelio Agrippa

La ciencia de la religión de Paramahansa Yogananda

Los animales desnaturalizados de Vercors

—El escritor Anatole France dijo: que algún día iba a escribir un ensayo filosófico sobre los juguetes. Que era un tema que lo tentaba, pero no se atrevía a abordarlo sin una larga y seria preparación ¿Cuál fue el primer juguete del Doctor Erik Del Bufalo? 

Del primero como tal no guardo mayor memoria, era yo un bebé; del que más tengo recuerdo es de un Mazinger Z que media más de medio metro y fue por mucho tiempo mi juguete preferido. También tuve un par de View-Master, que eran unos aparatos que te llevabas al rostro y que te permitían ver fotos diminutas, era como meterse en ellas, sentía mucho afecto por esos aparatos. Tuve también una Atari, pero solo me cautivó por algunas semanas. Tengo una edad en la que me salvé por chiripa de caer en los videojuegos.

—¿Cómo fue el proceso del trabajo creativo de su novela Polifemo?

No tengo un “proceso creativo” propiamente dicho a la hora de escribir. Polifemo especialmente fue escrito montando fragmentos, intuiciones, “iluminaciones” a lo largo de casi una década. La novela la construí como quien antaño armaba un álbum de fotos de viaje.

—¿Compartes algunos rasgos con Lucían Holzer? 

Un personaje no es un simulacro de ser viviente, decía Kundera, sino un experimento, “un ego experimental” que tiene vida propia y no viene del yo personal; aunque quizás, solo quizás, sea en parte engendrado por lo que los antiguos llamaban el “daimon»

—Cioran creía que podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho ¿De qué se siente orgulloso el Doctor Erik Del Bufalo que no ha hecho?

Me siento orgullo de no haber sido un político venezolano o un asesor de políticos, en una época estuve a punto de caer en ese pozo. Mi daimon me salvó.

—Bertrand Russel tiene una tesis que los animales son felices mientras tengan salud y suficiente comida ¿Para usted como el ser humano puede ser feliz?

La felicidad puede ser entendida de dos maneras al menos, como happiness, en el sentido de “calidad de vida”, es decir de satisfacciones egocéntricas y la búsqueda de confort, es decir, como contentamiento. Concepto que espantaba a Nietzsche, por ejemplo. Sobre ese concepto, tan anglosajón, pivota mayormente lo que la gente de nuestra época entiende por felicidad. Efectivamente, la felicidad se parece, desde esa perspectiva, a la de un animal doméstico bien cuidado, vacunado y consentido por sus dueños.

Un concepto más antiguo es el de eudaimonía, muy central en la ética de Aristóteles, y que tiene que ver con la vida digna de ser vívida por un ser humano, ¿cuál es esa vida? No necesariamente es una vida llena de placeres, mieles y honores. Generalmente es una vida sacrificada. Es más cercana a la de una mujer pobre que sin embargo es profundamente feliz de sus 5 o 6 hijos, o la de un poeta que logró el verso que buscaba durante toda una noche sin dormir, un poco también es la felicidad del héroe. Pero es también una vida donde el alma no se degrada en la mera búsqueda ciega y pasajera de los placeres o el confort, sin importar incluso que hagamos daño a nuestro entorno, y sin que sea necesario buscar un sentido a la existencia. Por el contrario para llegar a esa “vida buena”, de la filosofía clásica, orientada por un espíritu (daimon) que busca al bien (eu), y por ende lo bello, no hay un solo camino, es una búsqueda personal, regida por la ética y por lo que los escolásticos llamaban los universales: el bien, la verdad, la belleza que son los verdaderos atributos del amor; y el cual  es otro concepto muy oscurecido por nuestra época que lo suele asociar con la mera concupiscencia y el embelesamiento, los cuales pertenecen más a los deseos y a los impulsos, impulsos por cierto atravesados ya por “el malestar en la cultura”.  Podríamos decir que ese segundo sentido de felicidad, donde la vida y el bien están casados, no es sino la verdadera realización de la vida, la de una vida realizada. A cada quien le toca entender que necesita para realizarse.

—Cada vez que termino de leer un libro de filosofía entro en un mudo de dudas ¿Por qué pasa esto?

La verdad no sé por qué te pasa eso; efectivamente lo que es dudoso es “el mundo”, ese concepto propiamente metafísico (Kant) que suele confundirse con la realidad y que en el fondo solo proviene del ruido efímero de las noticias y la preocupación de las facturas por pagar.

—¿Es un pesimista activo?

No sé que es eso. Habría que preguntarle a Savater.

—¿Cómo se define ideológicamente?

En primer lugar, la ideología no debería ser un objeto de identidad personal, decir, por ejemplo “soy socialista” o “soy liberal” es un enunciado vacío que, no obstante, no va dirigido a la acción política sino a la infatuación del ego. Por ello, yo lo veo siempre como el signo de una tara intelectual. En segundo lugar, en tanto que mi oficio es la filosofía, uno de mis enemigos principales son las ideologías en general (sistema de ideas y visiones del mundo prefabricadas) para justamente no tener que pensar. Sin embargo, no quiero eludir tu pregunta, y desde un punto de vista más terrenal quizás la vida me ha acercado a lo que Ernst Jünger entendía por anarca, que en ningún caso hay que confundir con el simple anarquista. Platón ponía en la boca de Sócrates: “Creo que soy uno de los pocos atenienses, por no decir el único, que se dedica al verdadero arte de la política y el único que la practica en estos tiempos”. El anarca se parece a un conservador, pero a diferencia de aquél, este sabe que ya no queda nada por conservar, que el mundo moderno está en ruinas, que lo verdaderamente conservable no depende de la acción humana porque es natural o divino: la libertad humana creada y regida por el orden del universo. Su relación a todo poder pasa por la aristocracia del espíritu: la distancia, “el pathos de la distancia”, que decía Nietzsche.

—¿Qué piensa usted sobre la situación que vive Venezuela donde los políticos no piensan y lo que hacen es decir frases gastadas donde tratan de juntar a las masas?  

Una pregunta que, a estas alturas, te comienzo, me da mucha pereza responder.  Te digo rápidamente: lo que tu has llamado “políticos” no son más que perros pastores, y no vale la pena perder el tiempo en ellos, ni un minuto de nuestras valiosas vidas. Mejor sería ver, en todo caso, quiénes son sus dueños o, al menos, quiénes los alimentan.

—Y por último para terminar ¿Una frase que se parezca a lo que piensa de los hombres que tienen el poder hoy en Venezuela?

Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros” – podría ser, claro, mucho más descarnado, pero manteniendo el tono elegante de tu entrevista, citaría esta frase de Rebelión en la granja de George Orwell, evidentemente proferida por los cerdos.

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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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