Poeta y narrador, desde 2007 deambula a voluntad lejos del huso horario que le vio nacer. Ajeno a domicilios estables, residió durante años en el Asia más calamitoso y desconchado. Allí dio sus primeros pasos literarios. Actualmente mora en Cabo Verde desde donde continúa escribiendo, bebiendo a solas y vagando diariamente, siempre en busca de algo de pureza.

Foto tomada en: La fora Ecolodge, Isla de fogo

 

—¿Cómo terminó un malagueño en Cabo Verde?

Detesto los localismos. Por lo que no asocio mi lugar de nacimiento a donde estoy a estas alturas de la vida. Además de que he vivido en numerosas ciudades españoles, países y continentes, aunque suene a chulesco. Y sobre todo, espero no haber acabado en Cabo Verde. Que siga la fiesta. Y aquí estoy (o estaba) por trabajo. Que la literatura no subvenciona a dignos.

—¿Qué estás leyendo en estos momentos y qué lees cuando la melancolía te abraza?

No soy melancólico. O al menos no recuerdo haberlo sido últimamente. Y ahora mismo leo Introducción a la lectura de Hegel de Koyève y el poemario Vieja cima de César Antonio Molina. La filosofía ahora mismo es mi clave absoluta. Los poemarios, tras años de lecturas violentas, comienzan a separarse de mí, mientras las novelas son muy pocas al año; algo más de diarios, que me fascinan.

—En el momento que vas a escribir ¿Cómo lo haces? ¿Con música? ¿Con un vaso de vino tinto? ¿Cuál es el ritual de Joaquín Campos?

Cada vez escribo más de día además de abstemio y en el más absoluto de os silencios. Antes era todo lo contrario; y además ejercía de noche, hasta que amanecía. La copa de vino tinto puede ser adecuada, aunque sé perfectamente que si comienzo a escribir bebiendo acabaré de escribir y seguiré con la segunda botella. Con 48 años ya nada es igual. Y no sigo rituales: si acaso escribir siempre en el mismo lugar, que la silla sea la adecuada y que golpee sólo mi portátil y no algún ordenador ajeno. Y que no haga mucho calor, que sudando no me va bien. Además de que escribir desnudo y bebiendo es la auténtica llave de paso para conectarte a xvideos y dejarte tres páginas por escribir.

—¿Por qué escribes?

Aunque lea mucha filosofía –Wittgenstein me espera a la vuelta de la esquina– quiero ser escasamente profundo en algo básico de mi vida: escribir. Simple y llanamente escribo porque la literatura, propia y ajena, es el centro de mi todo: mi yo absoluto. Si no escribiera no sería yo ni estaríamos inmersos en esta entrevista.

—¿De dónde se nutre tu poesía?

Jamás de lo leído, o eso pienso, y siempre de mis acciones, y sobre todo, de mis pensamientos, porque con 48 años, y como te comentaba antes, las acciones ya suelen ser menos perversas además de muy continuistas. Eso sí, la cabeza ya es media regadera y subiendo. Y eso ayuda a escribir, aunque afecte mucho en la vida real. Cada vez más.

–¿Qué opinas de la poesía actual?

Suele ser mediocre porque la gente, en sus vidas, actúa de forma mediocre. Se repiten los hechos, las acciones y las pasiones. Se destruye lo no habitual. Se escribe con fórceps, mirando continuamente por el retrovisor, embutidos en el fango de la autocensura. Se buscan likes, amigos en redes, reseñas complacientes. Evidentemente he leído poesía actual brillante (Miguel D’Ors, Josep María Rodríguez, Maribel Andrés Llamero, César Antonio Molina), pero normalmente todo es insidia; repetición.

—Me encantan los diarios. Soy un adicto a los diarios. No tengas la menor duda que voy a leer tu diario «Ajuste de cuentas». ¿Realmente dices la verdad y toda la verdad en ese primer volumen?

–Yo llevo diciendo la verdad desde hace tanto tiempo que tuve que comenzar a escribir para dejar constancia de ello. Me siento muy superior al resto (diciendo la verdad: ellos en realidad son mejores que yo poniendo la mesa, ahorrando y yendo al supermercado), y no sólo de escritores, sino de personas, porque sé que la mayoría o miente o manipula o se autocensura o tantas veces todo a la vez. Me río de ellos. O tal vez ellos se ríen de sí mismos, lo cual no está nada mal para los que nos damos cuenta.

—Para terminar ¿Qué piensas que va a pasar sobre la vida literaria, los libros y los escritores en el futuro?

No suelo fijarme mucho en el futuro porque creo que la muerte es la única certeza. Y me da igual lo que ocurra después de que esté muerto. Pero bueno, viendo cómo se estudia, corroborando cómo y qué se lee y entendiendo la irrupción violenta de internet para todo y a todas horas, dudo mucho que el futuro sea muy halagüeño. Cuando despreciemos con violencia ultrasónica al que ni lee ni compra libros comenzaremos a salir adelante. Y bueno, para futuro cercano la publicación y gira caudilla con mi duodécimo libro y sexto poemario que llevará por título Diccionario cuando Avenida, la novela de lo que va de siglo, ya casi está terminada. Y claro, me gustaría que la gente leyera. Pero cuando no esté que hagan lo que se les plazca. Si tenemos que ir a otra guerra mundial seguro que no será leyendo.

 

 

 

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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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