Entrevistas

Entrevista al Maestro Hermes Gómez.

Hoy tengo el placer de entrevistar al Maestro Hermes Gómez él es un compositor, fagotista, arreglista, director, cantante, pintor, tallista y poeta. Nació en Maracay, el 09 de mayo de 1961. Comenzó sus estudios de música a la edad de 14 años, de la mano del Prof. Oswaldo Guevara en la Escuela de Música Federico Villena, finalizándolos en el año 1998-1999, obteniendo los títulos de Profesor Ejecutante de Canto y Profesor Ejecutante de Fagot. Entre sus profesores estuvieron los maestros Jesús García Pino, Martin Vielma, José Agustin Maldonado, Efraín Silva, Rafael Oliveros, Hugo Filoia, Manuela Velo, William Alvarado, Gisela Hollander, Lola Linares, Belén Ojeda, René Rojas, Víctor Sojo, Rafael Rangel, Constantin Georgiu, Ezequiel Rivas, Henry Galicia, Elsa de Martinez.

Ha sido dirigido por los maestros Luis Miguel González, Mauricio González, Oswaldo Guevara, Rodolfo Sanglinbene, Roberto Marin, Manuel Marin, María Octavia Issa, Enyú Pena, Alicia Rivero, Hugo Filoia, Luis Ochoa, Claudio Castillo, Teresa Hernández, Aura Marina Rivas. Ha cantado todo el repertorio sinfónico coral obligatorio, y ha participado en el montaje de óperas como Boheme, Traviata, Madame Butterfly y grandes estelares de la ópera, así como lied alemán y canción francesa. Dentro de las composiciones musicales que ha realizado se pueden nombrar: Sonata para tres amigos, Misa Animus Exordium, Merenfuga, Piazzoflauta (obra para piano y flauta), Concierto miniatura para Oboe en tres movimientos, Opera Romance en la Provincia, Rebekah (vals para guitarra), además de un repertorio de canciones infantiles y de música venezolana hechas para cantantes solistas.

 

—¿Cuándo y cómo fue su primer contacto con la música?

Nuestro hogar siempre fue visitado por poetas, músicos, pintores, y cantores. Por parte de la familia paterna hay una gran influencia, papá tocaba la guitarra y el cuatro. Por el ala materna, mis tíos construían instrumentos musicales de manera empírica. Recuerdo que corría la década de los 60, cuando en una navidad me regalaron un pequeño piano, donde sacaba algunas melodías que para esa época estaban de moda. Pero desde muy niño aprendí a fabricar mis instrumentos por observación, y esa inquietud fue precisamente alimentada por la música que se escuchaba en la casa, pues mi mamá decía vamos a escuchar al señor Bach o al señor Beethoven o Mozart. También en las festividades decembrinas nuestro hogar era visitado por conjuntos de parranderos que hacían estas fiestas más agradables. La lectura también era de mucha importancia. Quizás esos encuentros con el arte hicieron que amara todo lo relacionado con ella, participando en los actos culturales que se hacían en la primaria y en la secundaria, cantando y tocando en las corales y estudiantinas que estaban en algunos clubes o como materias optativas del liceo. En el mes de octubre del año 74, escuché que había audiciones en la escuela de música Federico Villena, así que asistí y hasta ahora la música ha sido mi oficio, sin dejar de cultivar la pintura, la poesía y la talla en madera, pues creo que no podría vivir sin ellas. El arte es mi bálsamo y la fuente de la eterna juventud.

 

—¿Cómo fue que descubrió que quería ser director?

Jamás quise ser director, mi inclinación era dedicarme a ser solista como cantante e instrumentista, y trabajé para eso. Pero, una tarde el maestro Oswaldo Guevara me llamo a la oficina y me ofreció un cupo para estudiar Dirección Coral y Orquestal. Yo le dije que no me gustaba la dirección, sin embargo, él me convenció argumentando que el músico debe ser integral y dominar todas las áreas. De modo, que asistí y terminé satisfactoriamente.  Luego me dediqué a la dirección, lo que me permitió trabajar en la composición, hacer arreglos tanto corales y orquestales, y aumentar mi creatividad.

 

 

 

 

 

 

 

 

—¿Nos puede decir dos nombres de dos libros que marcaron su adolescencia?

He leído muchos libros y muchas historias, pero los libros que marcaron mi adolescencia fueron “El nombre de la rosa” de Umberto Eco y “Todo un Pueblo” de Miguel Eduardo Pardo. Con esas lecturas entendí el aprecio que se le debe tener al maestro, la manipulación que ha hecho la iglesia o la religión en la humanidad, así como la conciencia cívica y el respeto por la nacionalidad.

 

—Platón dijo que solo hay tres elementos esenciales para la educación: el atletismo para el cuerpo, matemáticas para la mente y música para el alma ¿Cómo se siente cuando ve que la asignatura de la música en los colegios de todo el mundo ya casi no existe?

Cuando estaba formándome en la escuela, durante todo el año escolar se hacían actos culturales conmemorando las fechas patrias o se hacían sobre nuestra idiosincrasia, costumbres, gastronomía, nuestra fauna y flora. Y la música en esos actos nos identificaba como nación. Quizás hoy hemos ido perdiendo ese amor a la naturaleza, por ejemplo, ya no se escuchan en los salones aquellas canciones ecológicas dónde se les cantaba a ciertos animales, que por su aspecto no son agradables a nuestra vista, como el sapo o el tuqueque, esas canciones creaban una sensibilidad en el niño hacia la naturaleza. Considero que los talleres de literatura, pintura y música están en extinción y eso lo que anuncia es una deshumanización a nivel nacional y mundial. Creo que deberíamos tomar esas materias complementarias, como la música, la pintura, la literatura y hacerlas obligatorias en la educación de las nuevas generaciones, con el objetivo de formar seres integrales.

 

—Beethoven en su novena sinfonía comienza con una horrible batalla por la vida y termina con mucha alegría. Él pensaba que los hombres volverán a ser hermanos y además la antesala de la Oda a la Alegría de la novena sinfonía es el himno de la Unión Europea ¿Qué piensa usted sobre esto? ¿Algún día la humanidad entera llegara a unirse?

 

Tarde o temprano el ser humano se dará cuenta de que solo es un huésped en el mundo y dejará a un lado las miserias que lo agobian. Somos tan frágiles y aún desconocemos ese precepto. Creo que el ser humano tendrá que hermanarse porque el tiempo lo está pidiendo.

 

— Los griegos antiguos creían que la música procedía de los dioses haciendo que los arboles bailasen y que podía calmar las aguas de un rio. El quinteto para clarinete de Mozart y claro de luna de Beethoven son las piezas que me llevan rápidamente al imperio de la melancolía y la reflexión ¿Cuáles son esas obras que llevaban al maestro Hermes a la melancolía y a la reflexión?

Las obras que me hacen reflexionar son El Réquiem de Mozart, no por lo funesto si no por su Lacrimosa y el Benedictus que son geniales y me llevan a un éxtasis celestial. El Vals para clementina de Aldemaro Romero, esas obras están llenas de hermosas melodías.

 

—¿Cómo ve usted el camino que está llevando Venezuela?

En nuestro país los espacios culturales se están perdiendo. Si se mezcla el arte con la política, aunque se diga que hay inclusión, eso trae como consecuencia el crecimiento de una élite cultural que se convierte en una minoría y no en un verdadero colectivo. Quizás también contribuye a este problema, el desconocimiento que tienen algunos personeros culturales, pues piensan que el arte es para divertirse y no para educar.

 

— Para finalizar esta increíble conversación ¿si pudiera dirigir una pieza antes de morir cual sería?

Bueno, quiero dirigir mis obras antes del viaje sin retorno, por ejemplo, mi opera Romance de Provincia. Con eso pienso que retribuyo al señor Bach y al señor Mozart; sería una muestra de agradecimiento por todo lo aprendido.

 

Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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