En mis días de estudiante universitario como en la Escuela de Letras de la UCV no había para sacar ni una pareja de dominó, participaba en los torneos de fútbol inter escuelas con el equipo de Psicología. En ese entonces el gran animador y organizador del fútbol en esa escuela era David Bolívar, mejor conocido como Bolivita.

En uno de esos torneos de principios de los 80 comenzamos con dos derrotas y Bolivita anunció después de la segunda goleada en contra, entre cerveza y cerveza del conversado y animoso “tercer tiempo”, que no perderíamos el próximo partido porque traería un refuerzo del carajo.

No quiso en ese momento decir Bolivita de quién se trataba y por fin la víspera del tercer partido, cuando coincidimos con él varios jugadores en el famoso Bar América, avenida Los Ilustres de por medio de la UCV, sincerada la lengua por varios tercios dijo:

—Mañana debuta con nosotros Platini.

Cómo no reírnos de esa ocurrencia si justo en aquellos días el francés Michel Platini era la gran estrella de la Vecchia Signora del calcio, el Juventus de Turín.

—No me jodas Bolivita, está bien que quieras que ganemos, pero con la imaginación no se meten goles— le dijo a David, uno de nuestros mejores defensores a leñazos limpios.

—¡A vaina, mañana debuta Platini y van a ver que no es coba! — dijo Bolivita eufórico y con una sonrisa amplia y pícara.

Llegó  la hora del juego, un sábado por la mañana en el campo de fútbol de la Facultad de Ciencias, y estábamos todos allí con ganas de aplastar al contrario, el de la Escuela de Comunicación Social, y solo una suave brisa dispersaba nuestro concierto de alientos etílicos y nada que aparecía Platini. Alguien le preguntó a Bolivita que dónde coño estaba su promesa, su gran estrella y él respondió, restregándose la cabeza mortificada por el ratón:

—Ya viene en camino, está recortando unos asuntos pendientes y se lanza para acá.

Como Bolivita era hombre de un habla muy particular y no pocas veces disparatada, eso de “recortando unos asuntos” lo tuve como parte de ese vocabulario suyo formado y cultivado en La Guaira, donde nació y se crió.

Comenzó el partido y no pasaron muchos minutos para que nos metieran un gol y de ahí en adelante, Calero, también “importado” como yo pero de la Escuela de Historia, que hacía de medio de contención al estilo de Dunga aunque con muy poca o ninguna técnica y un añadido de artes marciales, se encargó de destruir juego y yo lo acompañé en la media cancha en esa “estrategia” que nos costó sendas tarjetas amarillas.

Terminó el primer tiempo con ese gol en contra y ninguna oportunidad para nosotros de conseguir el empate. En el descanso, los once enratonados nos bebimos como dos galones de agua  y nos bañamos con otro tanto porque no había ni una nube que tapara el sol por un ratico.Y nada que aparecía Platini.

Volvimos al campo para el segundo tiempo y se fue haciendo de batalla porque faltas iban y venían con tal de que no nos metieran más goles. Y en una de esas enfurecidas respuestas de uno de los centrales de Comunicación Social, le hicieron falta a Ochoíta dentro del área, uno de los mejores estudiantes de Psicología y de nuestros mejores jugadores de quien sobra aclarar el porqué del diminutivo. Pitó penalti el árbitro que no dejaba de pedir juego limpio y temía que en cualquier momento se armara una coñamentazón. Cobró Ochoíta el penalti y empatamos el juego.

Faltando tal vez de quince a veinte minutos para el pitazo final y manteníamos el juego empatado y al menos la honra de no perderlo, cuando apareció Platini, a quien Bolivita no tardó en meterlo para sustituir a Ben Hur (así apodado por su parecido con el barbado Chartoln Heston de la película homónima) que ya no encontraba aire que respirar.

Entró ganoso Platini y la movía bien y como estaba fresco y sin rastros de alcohol en la sangre los defensores de Comunicación Social no encontraban cómo pararlo. No faltaba mucho para el final cuando Calero reventó un ataque con un despeje que pareció un fly de Antonio Armas y en el extremo izquierdo de la media cancha logré ganársela al lateral derecho, se la toqué a Ochoíta, que se quitó dos de encima y se la pasó a Platini que estaba desmarcado y entró al área grande como Pedro por su casa y fusiló al arquero con un cañonazo por el ángulo derecho. ¡Golazo de Platini! Bolivita gritaba desde el otro lado de la raya:

—¡Se los dije coños e madres que traería a Platini y aquí está matando la liga!

Lo que quedaba de juego lo dedicamos a reventar balones hacia el terreno contrario y tomamos un segundo aire con todo y ratón hasta el pitazo que selló nuestra modesta gloria sabatina y el exitoso debut de Platini en plan de matador para darnos la primera victoria en aquel campeonato.

Fue provechoso nuestro triunfo para la licorería más cercana al campo de Ciencias: despachamos cajas y más cajas de cervezas y un par de botellas de caballito frenao y celebramos hasta el atardecer, agradeciéndole  y alabando a Platini, que era un barbero de origen italiano llamado Giuseppe que cursaba algunas materias en Psicología y debía su apodo a su abundante cabello entrecano.

 

 

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Mario Amengual

Escritor venezolano (Maracay, Aragua, 1958). Es licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV) y actualmente es profesor de los talleres de Literatura I y II en el núcleo de la UCV de Maracay, facultades de Agronomía y Ciencias Veterinarias. Ha sido articulista de opinión en los diarios Últimas Noticias, 2001 y El Siglo. Numerosos artículos, ensayos y poemas suyos han aparecido en las publicaciones digitales El Meollo y Ala de Cuervo, entre otras, así como en la Revista Nacional de Cultura e Imagen, y en los suplementos literarios de diferentes diarios nacionales y regionales. Ha publicado La arboleda deslumbrante (poemas; Alcaldía de Los Salias, San Antonio de los Altos, 1991), El tiempo de las apariencias (poemas; Departamento de Cultura de la UCV, Maracay, 2000), El pozo de la historia/Los extranjeros (novela y poema en prosa; edición limitada del autor, Caracas, 2001), El pozo de la historia (novela; bid & co editor, Caracas, 2007), El cantante asesinado (novela; bid & co, Caracas, 2009), La fiesta de La Democracia (novela; bid & co, Caracas, 2011), El abismo de los cocuyos (novela; bid & co, Caracas, 2013) y A la sombra de los destellos (poemas; Movimiento Poético de Maracaibo, Colección Puerto de Escala, Maracaibo, Zulia, 2015) El juicio de los días (poema en prosa), El Taller Blanco Editores, Bogotá, marzo de 2021; El sol de los días muertos, relato, Sultana del Lago, mayo de 2021.

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