LA ESCRITURA DEL AHOGO 

Habré de ocurrir que un día no respiremos. Que caminemos por el mundo sin oxígeno, abiertos a ser la sombra de lo que fue la existencia. Y ocurrirá, sí, no hay negación posible, que seamos la sobra de alguna idea propuesta por un dios. Seremos un proyecto luego de haber sido parte de una realidad, esa persistencia intelectual que se traduce desde la arrogancia.

Vivos, en la que creencia de estarlo, desandamos el silencio, el ahogo que nos entrega el ruido de la desolación. Somos los fantasmas que faltábamos para escribir la historia que olvidamos.

Muertos, en la creencia de estar vivos, recorremos las calles como si una antigua leyenda nos empujara a ser inmortales.

Enmascarados, somos eso, la máscara de siempre. La vieja máscara que nos define, que nos nombra, que nos elimina, que nos tacha, que nos desdibuja. 

Quien nos escribe, nos ahoga.

1.-

Iba un hombre sin mascarilla por la calle cuando otro hombre, también si mascarilla, lo increpó porque no cargaba puesta la suya. El interpelado respondió:

-Pues, sí, cargo mascarilla.

Seguidamente, el hombre se tomó de la barba y se la haló con fuerza hacia abajo.

-Esta es mi mascarilla.

Una hermosa calavera de oro recibió el radiante sol de la tarde.

2.-

Un poema asfixiado

Tendrá que demostrar

Que antes sabía respirar.

3.-

Me respiro a mí mismo. Sigo la ruta azul del CO2 y lleno mi sangre con la bruma de un desmayo feliz.

Al consumirme yo mismo, vuelvo a la realidad hecho un misterio.

4.-

Iba yo con mascarilla por la calle cuando entendí que detrás de mi verdadera máscara, yo, digo, estaba ausente.

5.-

Volaba un pájaro enmascarado sobre mi cabeza.

Imaginé al Espíritu Santo que con una de sus alas apuntaba hacia mi desnuda cara.

Cuando desperté, Augusto Monterroso estaba sentado en el borde de mi cama con un plumero en una de sus manos.

6.-

Y dijo el hombre mientras lo asfixiaba la cicuta:

-Sólo sé que no sé nada.

Y supo.

7.-

Como vivo en una permanente imaginadera, me estoy imaginando. Y no me creo.

8.-

En medio de la asfixia del orgasmo, la mujer supo al fin que la tierra era redonda y que García Márquez había plagiado a Cristóbal Colón.

9.-

Allá, al fondo del túnel, veo a Ernesto Sábato sin mascarilla.

Se me acerca elegante y sin bigotes, todo un fantasma.

10.-

La imaginación nos conduce en asfixia placentera a recónditos lugares, al espacio sideral, al cosmos, pues, al interior microscópico del alma.

-¡Alberto, aquí está tu arepa!

Llegó la realidad.

11.-

Ella, la sombra,

La que no se me despega,

Ha sido contagiada por un virus.

Para ella, respiración artificial.

12.-

La calle está llena de máscaras, invadida. Las que me miran desde el anonimato, son mis distintos yos, los personajes que he asfixiado a diario en la casa.

13.-

-¿Qué es la hipoxia?, preguntó el profesor de la cátedra de neumonología.

-Una mujer desnuda, doctor.

-¡No!

-Una hormiga ingrávida, profesor.

-¡No!

-Una enfermedad mortal, doctor.

-¡No!

El profesor abandonó la sala de clases y, para siempre, la Escuela de Medicina.

14.-

Cuando le preguntaron sobre la desaparición de los dinosaurios, el estudiante de antropología se sentó a llorar y dijo con firmeza académica que él no estaba allí cuando llegó la epidemia.

15.-

De tanto imaginar,

Me borra la realidad.

Soy una sombra,

La niebla de mi nombre.

16.-

Pujó para parir una luz incandescente.

Ahora, en la paz de la sombra,

La mujer intenta cortar el cordón umbilical

Pero la asfixia se lo impide.

17.-

Por la ventana aparece el mundo.

Los pájaros huyen de él.

18.-

El hombre viejo le arrancó violentamente la mascarilla al joven. El rostro putrefacto del personaje de la novela no atinó a decir palabra alguna.

El lector pasó la página, pero no pudo desprenderse del hedor.

19.-

Tanto dio que venció al virus.

Más allá de sus ojos, el silencio,

La locura pesada de los cuerpos

Reducidos a una lápida colectiva.

20.-

Nunca supo si fue contagiado.

La mascarilla cuelga ante la mirada

Congelada del santo.

       

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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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