Por Vicente Amengual Sosa

Los hombres suelen matar a sus semejantes. Muchas veces sin quererlo y aun queriéndolo, también muchas veces se limitan a apartarlos de la vida porque sienten que les estorban, piensan que les impiden vivir o les dificultan cualquier cosa que quieren hacer. En estas hipótesis, la muerte en sí es intrascendente.

Matar de verdad es un hecho también frecuente, pero seguramente será un porcentaje menor en el contexto de eso de acabar con vidas humanas. Matar de verdad significa que el acto de poner fin a la existencia de otro tiene su propio sentido.

Calixto Marval sintió en lo profundo del alma el aguijón del asesinato de su hermano, un peón que trabajaba para un hacendado de las tierras llanas cercanas a la sierra. Calixto demoró un tiempo para acercarse a la hacienda de José Inés Guerra y lograr que lo reclutaran también como peón, ganarse la confianza del jefe y convertirse finalmente en su chofer para todo.

Anduvieron juntos de noche y de día, compraron y vendieron ganado, viajaron cerca y lejos en total armonía. Más de una vez amanecieron abotagados de ron en caminos solitarios, incluyendo bailes por los lados de Mucuría, en los que estaban presentes los negros de Campechano (“los negros de Campechano / vienen bebiendo ron / los negros de Campechano / van a tocar el tambor”).

Imposible saber si el día final estuvo totalmente planificado o si era una alternativa entre diversas opciones. Caleteaban sacos de cemento desde una picó hasta un techo bajito, Calixto abajo y José los recibía arriba.

En una de esas, terminando de apilar un saco de cemento y girándose para recibir el próximo, José Inés recibió un disparo perfecto en la coyuntura del hombro con el brazo de la mano de matar. Quien sabe de esas cosas y vive en ellas, ni pregunta ni reacciona y eso significa ganar tiempo.Simplemente se lanzó desde el techo y se abalanzó sobre su heridor.

Cayeron en tierra y se fueron dando giros sobre un pequeño declive. Calixto ya se había desprendido del revólver cuya única finalidad era la de inutilizar a José Inés y lo había sustituido por una daga acicalada para la ocasión. Le infirió heridas profundas que no produjesen una muerte instantánea, de modo de permitirle al herido conocer la razón de su muerte y de sentirla a plenitud, que es lo que se proponen los hombres que matan de verdad.

A él, al matador, esa acción le proporcionaba el objetivo de sentir que estaba realmente matando a un hombre. La policía, sin embargo, nunca supo qué sentido tuvo el cortarle el pene al hacendado y colocárselo sobre su pecho.

El asesinato fue un domingo en la mañana, de modo que algún sentido puede tener en el ritual de la venganza, el que el cadáver tuviese tiempo de ser invadido por la gusanera (la queresa) cuando lo hallaran.

 

 

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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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