Por Alfonso Solano

Nueva York, 1960. Época de cambios, conmoción. Las artes buscan insertarse en la memoria colectiva de una manera abrupta; súbita, para demostrar, en el menor de los casos, que la libertad expresiva no tiene fronteras. Los poetas Beatnies irrumpen con furia y desparpajo. Allen Ginsbert lanza su grito al aire, Gregory Corso se escuda en su hábitos noctámbulos, y Leroy Jones reacciona -irreverente y enunciativo- frente a las pretensiones del “poder blanco”. Frente a este movimiento y en una incesante búsqueda expresiva, se encuentran los jazzmen que pretenden alejarse de lo resueltamente ornamental hacia una expresión musical abierta que acabará siendo un verdadero cataclismo que arrastrará todo a su paso. En el lado más radical se encuentra Ornette Coleman, y en el más introvertido: John Coltrane. Este último tiene, como mucho de sus colegas más cercanos, la vista puesta en la India. Coltrane escucha y anota las grabaciones de Ravi Shankar.

Al igual que el singular Sun Ra, Coltrane matiza su música con un enfoque místico. Por estos años, Coltrane devora las obras de Filosofía, Egiptología y de ciencias místicas orientales. Su amigo Sonny Rollins le recomienda la lectura de autobiografía de un Yogui del swami Paramahansa Yogananda. Bill Evans le aconseja leer la obra de Krishnamurthi. Estudia y lee además, la obra de Platón, Aristóteles y se interesa de manera especial por el enfoque científico del físico Albert Einstein. Coltrane confesó en esos años, que su abandono de las drogas y el alcohol se debía a su conversión religiosa. John Coltrane se encuentra en el sitio que le corresponde; es el músico del cual todos hablan y admiran. Su obsesión en la búsqueda de la perfección musical, sus largos solos encantatorios y su sonoridad dura, profunda y desgarradora, colocan al jazz “Patas arriba”. El llamado Hard Bop, desarrollado por Clifford Brown y Horace Silver, entre otros, encuentra albergue definitivo. Pero Coltrane va mucho más allá de los límites. Sin embargo, habrá de pasar cierto tiempo más para que Coltrane sea reconocido y admirado por las masas y la crítica internacional. Por estos años, Coltrane lleva su arte a Europa, donde es admirado y aplaudido.

Miles Davis, quien siempre creyó en la impronta del gran saxofonista, lo incluyó en su histórico primer quinteto. Acá Coltrane -que por esos años estaba enganchado a las drogas- ejecuta un solo de 20 minutos en la pieza Round About Midnight. Escándalo. Coltrane filtra  toda burda concepción del tiempo y la forma y lleva a éstas por caminos insospechados. Pero no será hasta la constitución de su cuarteto con Mc Coy Tyner, Steve Davis y Elvin Jones, cuando serán franqueadas etapas decisivas. Con su lenguaje y concepción armónica extendida, su tempo alucinante y la utilización de recursos como Rhytm’ and Blues y el basamento del hard bop, Coltrane ha agotado los encantos de los acordes y sus desarrollos. Y allí, donde los hijos del bop se apoyaban orgullosos en una sola  armonía, Coltrane desplaza subrepticiamente dos y hasta tres, simultáneamente. Para comprender y seguir este “sistema”, El saxofonista se verá obligado a colocar “un número desigual de notas sobre un número regular de tiempos sobre la medida y el tempo” como lo indica James Lincoln Collier en la “Aventura del Jazz”. Y esto, lo obligaba a esbozar, a dibujar figuras rítmicas de carácter irregular, que contrastaban con el ritmo de base. Cuando Miles Davis escuchó la pieza Giant Steps, escribió: “Lo que hace Coltrane es tocar cinco notas de un acorde y luego seguir cambiándolo, tratando de ver de cuántas maneras diferentes puede sonar.” Mejor explicación, imposible.

En 1959, con el albúm Giant Steps, Coltrane en compañía de Tommy Flanagan, Paul Chambers y Art Taylor, culmina su exploración del sistema armónico. Ejecutado con un tempo alucinante y con giros armónicos inesperados e intensos, Giant Steps es una obra maestra, y a su vez, un callejón sin salida. Coltrane no puede ir más allá porque no hay nada más que buscar en esa vía. Le será necesario explorar otra. Esta otra vía será la música modal.

MODALIDAD Y POLITONALIDAD

Aunque John Coltrane admiraba de manera especial la música hindú, su propuesta armónica estaba lejos de parecerse a esta tendencia. Las ragas le servían solo como referencia lejana. Lo que Coltrane envidiaba de ésta, era su flexibilidad; su tiempo extensible. Y esto último es lo que, sin duda, marca la diferencia en la improvisación coltraniana: su extensión. Con el uso de la modalidad musical, Coltrane exploró y explotó de igual forma, el mundo subterráneo de los sonidos. Él utilizó diferentes modos, muchos modos, en lugar de progresiones de acordes. Donde mejor podemos apreciar su tratamiento es en el disco Impressions ( 3-11- 1961) que recoge el primer gran cambio sustancial en la dirección de su búsqueda armónica. El “acantonamiento” por así decirlo, en un orden  armónicamente circunscrito a dos o tres acordes, le permitió extender de manera prodigiosa su aliento en la improvisación. Coltrane interpreta, de ahora en adelante, una pieza con una duración de 20 y hasta 40 minutos, haciendo vibrar el tudel de su saxo con gran energía, sin repetirse. Esta nueva noción de la improvisación ya estaba germinando en Kind of Blue, primera exploración de los modos al lado de Miles Davis y Bill Evans. Esta exploración modal alcanzará su forma más eminente en obras como My Favorite Things (1960), Óleo (1961), Indian (1963), y Afroblue (1963), entre otras. No  obstante, el recurso de los modos o la modalidad en su música, no agotará, de ninguna forma, el empleo del sistema armónico. Las dos formas coexisten de manera brillante en Coltrane, hasta un poco antes de su muerte -ocurrida en 1967- cuando el saxofonista aborda el Freejazz, influenciado por su creador: Ornette Coleman, y músicos como el saxofonista Albert Ayler, Eric Dolphy, y sobre todo, Pharoad Sanders y su partner y hermano musical Rashied Alí. Los Freejazzmens con su carga de notas discordantes y fugas intempestivas, habían dinamitado el Jazz en sus fronteras, y Coltrane los acompañaba. Después de esta fértil vía expresiva, el Jazz no volvería a ser el mismo.

ASCENSIÓN

Después de sus giras por Europa y luego de culminar sus conciertos por las ciudades de París, Estocolmo y Berlín –donde murió Eric Dolphy en 1964- , la música de Coltrane adquirió un carácter religioso  (o místico, mejor dicho) que caracterizó el último período de su corta pero significativa carrera musical. Este período se refleja en principio, en la grabación de su obra: A Love Supreme. Esta última obra es una especie de homenaje al Dios de todas las cosas, donde rinde un tributo musical de un contenido tan místico como asombrosamente genial a nivel musical. El material de sus últimas obras coincide con la culminación del desarrollo de una obra integral despojada de otros significados de los que pueden emanarse de un arte esencialmente puro, en el mejor sentido de esta expresión. John Coltrane se nos muestra soberanamente en este lugar de elección, más allá de la apreciación crítica en que todo “especialista” lo coloca a menudo. Coltrane, al igual que Monk, Parker o Miles Davis, es un ser aparte. El testimonio de su música nos confirma que el arte del hombre moderno a través de este lenguaje musical, no posee frontera alguna. Muchos se preguntaron hacia dónde se dirigiría la música de Coltrane en estos fértiles años, y esta interrogante sigue aún vigente. ¿Iría a alguna parte en particular? No lo podemos saber, lo que sí es seguro es que su música abrió un horizonte amplio al Jazz y lo catapultó hacia un nuevo mundo. Un mundo vasto en sus límites, aún inexplorado, gravitante y exultante; todo para bien de la humanidad y el universo sonoro. Como siempre el monje del saxo moderno lo aspiró. El porvenir sigue siendo de su majestad: Express Trane.

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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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