por: Alfonso Solano

Cuenta la leyenda de las que tanto circulan en los claustros musicales académicos, que Beethoven se encontraba sentado al piano en una presentación, ejecutando un trío de su autoría para Piano, Violín  y Violonchelo cuando en medio de la atmósfera íntima del concierto, el compositor al llegar a una parte de la partitura en donde se podía leer una larga cadencia, se volcó con entusiasmo y veneración en una larga improvisación que se extendió por más de 20 minutos. Muchos de los espectadores en el salón estaban fascinados por la inventiva e inspiración del célebre compositor, mientras que otros se miraban con algo de suspicacia y duda. Ludwig Van Beethoven inspirado, tocaba el piano con maestría totalmente sumergido en un spleen solitario e íntimo. El violinista  se sintió inquietado y levantó el arco para tocar suavemente al compositor en el hombro interrumpiéndole a su vez para decirle “Disculpe maestro, estamos esperando por usted”. Beethoven abrió los ojos y viró la vista para contestarle a su violinista: “Perdonen, pero he ido al cielo por un momento”. Esta anécdota del gran compositor alemán ilustra con claridad la importancia que tenía para los compositores-ejecutantes en este período clásico, el momento oportuno para la improvisación , a pesar de que el mismo compositor fue uno de los dejaba escrita las cadencias para sus múltiples conciertos, algo que de alguna forma limitaba el espacio de dichas improvisaciones. Un ejemplo claro es su concierto para piano y orquesta número 5 en donde el compositor escribió toda la cadencia como parte de la obra. El caso demuestra como Beethoven, a quién le encantaba improvisar, no confiaba mucho en que los demás músicos lo hicieran por su cuenta. Y en la lectura y ejecución de sus obras, el maestro era  alto exigente, estricto e implacable.

 

Es difícil determinar con exactitud histórica, una fecha exacta de cuando surgió la improvisación en la música. Las primeras referencias conservadas son de improvisaciones vocales referentes a los melismas que se realizaban en los cantos litúrgicos en el siglo IV. A partir de allí, la siguiente fuente ya es del siglo XI, también dentro del contexto de los cantos y los modos eclesiásticos. A partir de una línea dada llamada cantus firmus se comenzaron a realizar contra-melodías improvisadas, muchas veces en el contexto del grupo. De ahí surgieron nuevas formas como el organum o el motete que datan del siglo XIII. En cuanto al ámbito instrumental, las primeras evidencias se remontan a la música tradicional italiana del siglo XV, donde varios instrumentos de viento improvisaban contra-melodías a una melodía de valores largos que actuaba de cantus firmus. La siguiente fuente es del siglo XVI, con la práctica de improvisar variaciones y ornamentaciones sobre temas populares. Esta clase de improvisación de ornamentos o florituras tendrá una influencia decisiva en el período Barroco de la música donde se convirtió en una característica principal de este estilo. En múltiples escritos y tratados barrocos se puede ver la importancia que tenía la improvisación. Aparecía en diferentes formas: vinculada a la ornamentación, a modo de variar repeticiones, enriquecer virtuosísticamente cadencias, etc. El máximo ejemplo está en el bajo continuo, donde la partitura pasa a ser prácticamente un guión en el que aparecía exclusivamente el bajo y un cifrado que servía de base a toda la improvisación y realización de las demás voces.

 

Un ejemplo magnífico de estas formas barrocas la encontramos en los Conciertos de Brandenburgo de J.S. Bach. En efecto, el gran maestro de Eisenach era, además de un gran compositor de obras, un virtuoso ejecutante del clavicordio y el órgano de tubos. En el concierto nº 3 en Sol mayor (BWV 1048) se aprecia un Adagio en la partitura incluido en el segundo movimiento, que en realidad consta únicamente de dos movimientos: uno inicial y otro final. Se afirma que Bach dejaba este espacio libre a la improvisación del intérprete (a diferencia de Beethoven), sobre todo a la del primer violín o del clave encargado del bajo continuo, pasajes en las que el mismo compositor se lucía con maestría y destreza. Pero a diferencia de la música clásica o académica, en el Jazz la improvisación según afirma el pianista Keith Jarrett, depende más de la grabación en vivo, que de la notación escrita. Es aquí donde nuestro protagonista se erige en un verdadero epítome del piano: “Soy esencialmente un improvisador. Es algo que he aprendido a través de la música clásica y que he desarrollado en el jazz”. Pero en realidad…

 

¿Qué es improvisar en Jazz?

 

Antes de contestar esta esencial pregunta, sería conveniente precisar qué hace realmente el músico de Jazz en el momento de la improvisación. En todo tratamiento de los temas en los que el solista suele improvisar, el musico de Jazz se sumerge en un mundo pletórico de sonidos que siempre están comunicándole “algo”; éste debe estar muy atento a lo que está sucediendo en medio del torbellino sonoro, y tener la habilidad de poder aportar su voz singular en correspondencia directa con lo que sucede alrededor de la melodía y de la armonía.  Esto último depende en gran medida, como lo ha afirmado James Lincoln Collier “de la capacidad del ser humano de oír sonidos en su cabeza”. Y esto es algo muy singular que deben tener o desarrollar los músicos de Jazz para poder sumergirse en el torrente de la improvisación. Sin embargo, Collier destaca algo que a mi juicio es esencial dentro del proceso de recorrer el camino correcto para la improvisación: la capacidad de poder identificar una “impresión” del sonido no identificado de un acorde específico, y no de sus notas aisladas. Esto quiere decir en otras palabras, que el músico debe “ver” de antemano en su cabeza y como un proceso cognitivo en segundo plano, las notas que posteriormente ejecutará en su instrumento. Es una especie de pre-intuición de esas notas del acorde, que el ejecutante escucha y escoge automáticamente en su mente paralelamente en el momento de la improvisación. Es acá,  finalmente y como lo afirma de nuevo Collier, donde surge la habilidad del músico para escuchar de antemano las notas del acorde en su cabeza.

A pesar de todo este proceso que puede parecer complejo pero que en realidad no lo es tanto, pues es una capacidad que se desarrolla y se aprende con el tiempo y la práctica, es de donde podemos partir para acercarnos a una definición de lo que significa improvisar. La mejor y más original explicación acerca de lo que significa improvisar en jazz la he encontrado en un documental que grabó el brillante y singular pianista, compositor y director de orquesta norteamericano Leonard Bernstein en los años sesenta. Aquí, el célebre compositor de “West Side Story” ofrece una verdadera cátedra acerca de lo que significa hacer Jazz y explica de forma didáctica lo que significa improvisar: “Improvisar sobre una canción popular o “standard” significa que se debe tener en mente la canción con su armonía y todo lo demás y luego dejarse llevar y adornar o reinventar la canción en el desarrollo o transcurso de la misma”. Luego para complementar, agrega: “Esto significa que se le añaden patrones repetitivos u ornamentaciones y todo tipo de florituras muy diversas. O bien se pueden hacer variaciones al estilo clásico, como Mozart o Beethoven solían hacer con las canciones o temas populares”. Y es desde aquí, donde debemos partir precisamente para tratar de acercarnos al mundo de los sonidos de un pianista tan dotado y singular como lo es Keith Jarrett.

 

El Arte del Trío.

 

Keith Jarrett, además de ser uno de los grandes improvisadores del Jazz en la historia de esta música es, por partida doble, un gran compositor de obras, la gran mayoría  de ellas para el género “clásico”. Incluso, ha escrito conciertos para orquesta e instrumentos a pedido de otros compositores como el “adagio para oboe y orquesta de cuerdas”. El se nutre de esta escuela para luego sumergirse en sus largas aventuras exploratorias dentro del vasto e inconmensurable mundo de la improvisación jazzística. En un laureado documental acerca del Arte de la Improvisación en Keith Jarrett  realizado en el 2009 por Mike Dibb, el pianista confiesa: “La improvisación nunca ha sido ponderada como se merece. Debido a su carácter holístico exige todo a la vez en tiempo real. La corrección es imposible. Tu sistema nervioso tiene que estar alerta completamente en un grado mucho mayor que en cualquier otro tipo de música”. Como vemos, la concepción de Jarrett acerca del arte de improvisar apunta hacia un enfoque místico y muy romántico. Y esto es más cierto cuanto más conozcamos al hombre detrás del piano: un tándem indisoluble e inseparable. Y quizá la explicación de este enfoque podemos comprenderla en su experiencia como músico y miembro de célebres agrupaciones como las de Miles Davis o Charles Lloyd, antes de que formara el célebre trío con Gary Peacock y Jack DeJohnette con el que ha estado tocando durante más de 30 años. En efecto, Jarrett ha llevado el concepto del “arte del trío” hasta las más altas cotas creativas, reinventándose y recreando de una forma casi obsesiva standards y temas pertenecientes al cancionero popular norteamericano. En este sentido, la asociación con el productor y dueño del sello discográfico ECM Manfred Eicher ha sido decisiva. Para este próspero hombre del negocio del disco, quién ha manejado una concepción lírica del sonido del jazz contemporáneo hasta convertirla en un estilo aparte, Jarrett ha sido y es básicamente “un hombre de la canción”,o lo que es lo mismo, un “cantante” en su instrumento. Lo cual, ciertamente, es muy acertado. Esta unión entre un hombre que a través de un sello discográfico busca capturar y transmitir el arte de la creación en el momento y del otro (El pianista-cantabile) que se obsesiona en darle forma a sus exploraciones elusivas y lúdicas en el arte de la improvisación pura de los sonidos en su instrumento, es lo que ha generado este maravilloso y sorprendente resultado del “arte musical improvisado en vivo” que ya sobrepasan las 60 grabaciones en el sello alemán, donde se incluyen sus álbumes en solitario, repertorios de temas clásicos y la reinvención del trío de jazz. La conexión y concepción del trío conducido por el maestro Jarrett ha ido mucho más allá de los simples aspectos musicales. Uno de ellos ha sido la importancia del piano como instrumento complementario para capturar ideas y atmósferas relativas al concepto romántico que maneja el trío. Gary Peacock, el bajista del grupo declara en el documental antes señalado: “El piano es un instrumento increíblemente importante. Da igual que seas un percusionista o un contrabajista. El piano es importante porque aporta un sonido y un timbre. Y eso son elementos básicos para entender la valoración de las notas en el interior de la armonía”. Esto se nota fundamentalmente en la interacción y la sinergia que transmite el trío en sus presentaciones en vivo, algo que los ha mantenido unidos por más de tres décadas.

 

Mister Improvisation

 

Keith jarrett nació y se crió en un familia que lo alentó desde muy temprana edad hacia la música. Él es el mayor de cinco hermanos. Su madre Irma, animó a todos sus hijos para que se iniciaran en algún instrumento. Ella era una mujer talentosa en el aspecto musical; tocaba no sólo el piano sino instrumentos como la trompa, la trompeta y el banjo, además de la percusión. La madre de Jarrett fue la que consiguió que su primogénito tuviera la orientación técnica debida en su instrumento, así que desde muy niño Keith tuvo un profesor de piano que le daba clases tres veces por semana. Desde muy temprana edad, el pequeño y virtuoso aprendiz intuyó que la música iba a ser la manera en la que se iba a conectar con las personas y el mundo exterior. Cuando Keith debutó como solista en un concierto público en su pueblo natal de Allentown en Pensylvania, tenía sólo 8 años. Y curiosamente de manera prodigiosa, ya incluía en los repertorios sus propias composiciones, que casi todas eran improvisaciones sobre temas infantiles o experiencias que lo marcaron. Keith ha declarado de hecho, que esa parte de la improvisación espontánea en esas piezas infantiles, lo ha acompañado desde entonces y jamás le ha abandonado. En su adolescencia, cuando ingresó en institutos superiores de música como la Berklee Scholl de Boston , Jarrett ha confesado que los primeros pianistas de jazz que él escuchó fueron Ahmad Jamal y Oscar Peterson. La forma en que estos dos pianistas desarrollaban sus solos en la improvisación, lo marcó para siempre. No obstante, el enfoque y la dinámica entre tocar piezas de jazz improvisadas o temas en el repertorio clásico, es totalmente distinto. Jarrett declara: “Cuando tocas jazz en directo,no es una cuestión de contenido, sino de cómo te involucras con el material. Cuando improvisas, todas las cosas son esenciales al mismo tiempo: contenido, matices, el modo de insertar las frases, el tema, la dinámica, el riesgo, todo al mismo tiempo. Y si no emites un sonido después de eso, ya no lo emitirás nunca más”. Su experiencia personal como individuo y su mundo musical nunca están separados. Es un todo que se complementa y se retro-alimenta constantemente. De allí su enfoque místico, algo que no ha sido gratuito, pues se sabe que Jarrett ha leído y estudiado a filósofos como Schonpenhauer y a místicos como Gurdjieff. “La música es para mí el resultado de un proceso. Es también un proceso humano igual pero que se distancia de la propia música. Es ante todo, un proceso individual de búsqueda contigo mismo y con las fuerzas inmanentes que te rodean constantemente”.

 

De alguna manera Jarrett ha logrado escalar la cima en su ascenso hacia la originalidad. Y en ese ascenso ha hecho una síntesis prodigiosa e inédita de toda su experiencia escuchando y tocando todo tipo de música anclada en la tradición negra americana y en las referentes clásicos de siempre. El crítico norteamericano John Rockwell escribió en una ocasión sobre el pianismo romántico de Jarrett y lo describió de forma original: “Es un montaje ingrávido de fragmentos de estilos pianísticos extraídos de toda la historia del Jazz y de la música clásica ejecutado con un virtuosismo que impone respeto entre los músicos clásicos”. Más adelante agrega: “Pese a la gran variedad de estilos a los que recurre, su obra en este género se reconocen siempre como suyos, y las piezas ascienden y declinan con tal propósito que el oyente voluntariamente se deja transportar”. Y realmente eso es lo que nos sucede cada vez que volvemos a sus grabaciones: nos dejamos llevar hacia un mundo pletórico y rico en referencias  entre relaciones de sonidos múltiples dotados de un lirismo único e irrepetible. La inspiración brota en Jarrett como lo hace la hierba fresca en primavera y nosotros sentimos satisfechos y sonrientes, sus fiordos luminosos y anulares.

 

Después de tocar y ofrecer conciertos por todo el mundo, especialmente en Japón donde tiene una audiencia y unos fans incondicionales, Keith Jarrett ha tenido que luchar interiormente para procurar no repetirse y encontrar originales vías alternas que lo conduzcan hacia nuevos horizontes. Sin embargo, esto es una tarea ardua y por demás, harto difícil. Keith, no obstante, trata de concentrarse en un espacio mental donde parta desde cero; trata de poner su mente “en blanco” sin ideas preconcebidas, sin atributos ni recursos preconizados. La clave es reinventarse y renovarse constantemente y dejarse llevar por su inner voice. Y desde allí, justo desde allí, es que inicia su aventura en el mundo de la improvisación. Un mundo rico, inédito, sorprendente y prodigioso que ha colaborado, sin proponérselo, en la edificación de un edificio sonoro de referencia fundamental cuando se habla del jazz contemporáneo del siglo XX construido con talento, probidad, intuición y genio.

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Argenis Gadea

Nací en Venezuela el 28 de diciembre de 1989. Siempre he sido muy consciente de mis deficiencias en mi educacion, por eso me he dedicado a llenar esos vacíos intelectuales leyendo y estudiando. Puede ser que mis capacidades literarias no estén a la altura, pero así como el que tiene miedo grita, empecé a manejar mis emociones para descargalas en un papel en blanco y luego publicarlas. Comencé mi vida literaria con la novela "Tierra de señores". Luego de tantos meses de trabajo, he dado vida a mi segunda novela: "Desde el fondo de mí", publicada con la editorial: Sultana del Lago. Leo y escribo; eso es todo.

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